La “buena empresa” y la cultura de integridad

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La “buena empresa” se ocupa de la cultura de integridad, es decir, del impacto ético de sus actos.

Ya hemos analizado en un artículo anterior que entendemos hoy por la “buena empresa”. Por cierto, una que crea valor social, atiende las necesidades de sus stakeholders y cuida el medioambiente. Para este tipo de compañía, la rentabilidad surge como resultado de hacer las cosas bien.

Hoy nos enfocaremos en la necesidad de fomentar una cultura de integridad, como rasgo característico de la “buena empresa”. Esto requiere del tono ético de las autoridades superiores (“tone at the top”), preocuparse del impacto ético de las decisiones y actuar siempre con transparencia y justicia. Los principios éticos tiñen el accionar de una organización.

Tres ámbitos de la cultura de integridad

En este sentido destacan tres aspectos:

1. Atención a las expectativas de los stakeholders

La “buena empresa” se esfuerza por cumplir con las expectativas que todas sus audiencias relevantes (stakeholders) tienen de su contribución a la sociedad en lo económico, en lo social y en lo ambiental.

En el caso de los clientes, revisemos las expectativas que la “buena empresa” debe cumplir:

  • Que se les provea de productos y servicios de excelencia a un precio justo.
  • Que la relación comercial sea equitativa: No se saque provecho indebido por contratos abusivos o complejos de entender.
  • Que se atiendan reclamos en forma oportuna y efectiva.
  • Que se cumplan las promesas en publicidad y catálogos.
  • Que se les dé un trato deferente y respetuoso.

Los proveedores también son parte de los stakeholders. Y entre sus expectativas se cuentan:

  • Que se mantenga una relación de respeto y beneficio mutuo, estable, transparente, equitativa, libre de presiones indebidas y de litigios, basada en la calidad de los productos y servicios que se comercian y en el fiel cumplimiento de los compromisos.
  • Que se los distinga como “aliados estratégicos”.
  • Que el precio que la empresa paga por los productos y servicios que el proveedor le suministra sea justo, acorde a la calidad de lo que se le entrega y que el pago sea oportuno.

Atención con los trabajadores, un grupo de stakeholders extremadamente relevante. Sus expectativas apuntan a:

  • Remuneraciones justas.
  • Un proyecto compartido, que de sentido al trabajo.
  • Empleos de calidad que permitan el desarrollo de las personas.

Las expectativas de la comunidad

Periódicamente, vemos los planteamientos de la comunidad hacia las empresas. Entre estos figuran:

  • Que contribuya al desarrollo del país, la integración social y el bienestar de la gente: Que sea un buen “ciudadano corporativo”, integrado a la comunidad y contribuya a tener un país sano en lo político, social y económico.
  • Que asuma su responsabilidad en el cuidado y preservación del medioambiente.
  • Que cumpla rigurosamente con la legalidad vigente y pague una cuota justa de impuestos.

2. No se limita a la maximización de la utilidad

Las empresas tienen responsabilidad con la sociedad completa, no solo con sus accionistas (shareholders).

Hoy las empresas necesitan tener una “licencia social para operar”. Si no la tienen, su accionar resulta imposible. Limitarse a maximizar la utilidad es una respuesta insuficiente y peligrosa. ¿Un ejemplo? Un caso emblemático al respecto fue el cierre de la planta de cerdos en Freirina de Agrosuper, por no prestar la debida atención a la comunidad. Esto generó un impacto ambiental (pestilencia y plagas; contaminación, entre otros), un impacto social (pérdidas de trabajo) y un impacto económico para la empresa (pérdidas asociadas al cierre de la planta).

Ciertamente, la utilidad es el resultado y no el propósito de la empresa. Lo que verdaderamente se maximiza es:

  • El sentido de lo que se hace.
  • El propósito que se persigue.
  • La búsqueda de la excelencia.
  • El compromiso de trabajadores y ejecutivos.
  • La confianza en las relaciones con proveedores y clientes.
  • El mutuo respeto y admiración de las comunidades.
  • La equidad en las relaciones con las autoridades.

3. Se orienta al bien común

El bien personal no se puede realizar a espaldas del bien común. Nuestros logros no se pueden alcanzar a expensas de otros.

Nuestras acciones, aún las más personales o insignificantes, tiene un impacto, no solo en nosotros mismos, sino que también en los demás, en el medio ambiente y en la cultura en general.

De hecho, nuestros actos nos moldean como personas y contribuyen a crear el ambiente de trabajo. Una persona que busca siempre la justicia en el trato con sus colaboradores no solo va a lograr generar un ambiente de justicia, sino también será considerado justo y, por ende, vínculo de unidad y agente de armonía dentro de la empresa.

Si alguien pervierte a terceros para obtener beneficios personales, podrá lograr sus objetivos a costa de un ambiente donde prima la corrupción, pero además se convertirá en una persona corrupta y fuente de más corrupción.

 

Así, finalmente, son los criterios éticos y no solamente los económicos los que deben marcar la pauta de actuación de una empresa. Una empresa, la “buena empresa”, que hace bien las cosas hace un aporte sustantivo a la construcción en el país de una cultura de integridad.

 

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